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La Gloria City

En Cuba, a principios del siglo xx, existieron asentamientos de ciudadanos norteamericanos. Uno de ellos fue “La Gloria”, un lugar que en un inicio no fue tan glorificante.

Una mañosa y atractiva campaña publicitaria, hecha en diversos lugares de los Estados Unidos de América en los inicios del siglo XX, hizo que campesinos, aventureros y familias pobres de ese país salieran a la búsqueda del paraíso terrenal, al Sur de su geografía, que le describían los medios de comunicación.

Había que atraerle a la recién intervenida Isla emigraciones masivas de mano de obra barata. Así fue como la Cuban Land and Steamship Company no reparó en escrúpulos al prometer avenidas, líneas férreas, hoteles, un eficiente puerto, restaurantes y teatros… comodidades todas vecinas de un lugar de ensueño al que bautizó La Gloria City.

El codiciado nombrecito “embarcó” a unos cuantos a bordo del vapor “Yarmouth”, mediante el cual se hizo realidad el primer éxodo de norteamericanos a la Mayor de las Antillas. En un lugar desierto a poco más de 15 millas al oeste de la bahía de Nuevitas, en la provincia de Camagüey, los primeros emigrantes desembarcaban en el lugar con el metafórico nombre de La Gloria, el 9 de octubre de 1899.

El objetivo que se perseguía era minar la isla con colonias de ciudadanos norteamericanos. En Cuba el ensayo comenzó casi simultáneamente en treinta y siete localidades, entre ellas, cercanas a la Gloria en el propio Valle de Cubitas, el Garden City, City of Piloto, Columbia City, Washington City, New Port, Port Viaro, etc. Así como otros en Ceballos, Ciego de Ávila, y Barthe y Omaha en Las Tunas.

De doscientos que llegaron, unos 160 se atrevieron a andar “cuatro millas de fango, jejenes y mosquitos”, según cuenta el investigador Enrique Cirules es su atractivo libro “Conversación con el último norteamericano”. Para asombro de todos, en 1914 los estafados demostraron ser laboriosos agricultores que convirtieron las iniciales y precarias casas de campaña, en un centenar de bungalows de cedro y caoba, a su estilo Balloon Frame, montados en leñosos pilotes.

PARA NO REGRESAR

Descubrieron un fértil valle, lo llenaron de naranjales y vegetales, que exportaban a La Florida. Con las primeras ganancias fundaron una urbe al estilo norteño con amplias y rectas vías, puentes de concreto y madera, dos espaciosos hoteles de dos plantas- un lujo para la época, una fábrica de jabones, luz eléctrica y alumbrado público.

A los habitantes de origen norteamericano se sumaron italianos, polacos, daneses y hasta alemanes que llegaron a editar hasta un periódico bimensual “The Cuban American”, e imprimir libros y folletos con temas de interés para la comunidad. Erigieron una fábrica artesanal de zapatos vaqueros y de sandalias para damas, una iglesia episcopal y otra metodista, un trainway y hasta un pequeño central azucarero.

Las casas eran esbeltas y espaciosas, las calles limpias y sombreadas por los framboyanes. Había una orquesta de 12 músicos con violas, violines, clarinetes y algunos instrumentos de percusión para las fiestas. Por el puerto nuevitero exportaban sus productos y a la vez recibían la logística necesaria.

La Gloria City, fue el prototipo de colonia que las empresas monopolistas de Estados Unidos quisieron implantar en Cuba, quedó allí trasplantada la amalgama social norteamericana con sus virtudes, vicios y defectos, la gran masa de los pobladores que se establecieron en La Gloria City eran gente laboriosas y emprendedoras, pero también vinieron pistoleros provocadores, prostitutas, prófugos de la justicia, jugadores, truhanes y aventureros de toda clase, según refiere la enciclopedia Ecured.

Con el tiempo aquella colonia fue mermando, se desvaneció su economía por el desinterés del poderoso imperio que no tuvo en cuenta aquel lugar de pacíficos labriegos, comerciantes e intelectuales que pusieron las piedras del primer poblado en Cuba habitado por ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica.

En 1917 sobreviene una decadencia del lugar y muchos colonos abandonaron el lugar. A la Cuband Land, y al gobierno de Washington; no les interesaba pues ya la Mayor de las Antillas era de su propiedad-, manipulaban a su antojo el Gobierno cubano de la Neorepública.

Quienes habían sido engañados para ser utilizados en un ensayo político, quedaron abandonados a su suerte. El golpe definitivo fue una ley en Estados Unidos que evitaba la entrada en el país de frutas procedentes del extranjero. Esto aseguraba para el mercado norteño un producto fresco y menos costoso que los importados.

Cada semana La Gloria quedaba más desierta, el ciclón del 32 fue su destrucción definitiva.

LA OTRA GLORIA

El invento de La Gloria creó una comunidad que después del triunfo de la Revolución resultó más próspera y revolucionaria. La mezcla anglosajona y latina heredó un pueblo de gente honesta y decidida a hacer su propio futuro.

Hasta los años 70 vivió allí el último de sus fundadores, que inspiró el testimonio de Cirules. Otros de sus descendientes descansan en un original cementerio de piedras que junto a otras reliquias trata de conservar el lugar y sus alrededores.

En la década de los ´90 del siglo pasado, como todo el país la economía del lugar sintió los síntomas de depresión, creando algunos problemas sociales que solo una Revolución socialista pudo enfrentar y solucionar con la participación activa de sus propios habitantes.

Hoy La Gloria se alza como una de las comunidades más prósperos del actual municipio Sierra de Cubitas, a unos 60 kilómetros de la capital provincial y no muy lejos de la Playa Piloto, un balneario natural visitado por los camagüeyanos donde funciona uno de los mejores destacamentos “Mirando al Mar” de la provincia.

Con la herencia aún del primer asentamiento norteamericano en la Isla, los nuevos colonos de La Gloria construyen una nueva ciudad, funcional, productiva y sostenible. Carente de lujos y vicios, con mucha dignidad y calidad de vida.

Algunos datos acerca de Enriue Cirules, autor de «Conversación con el último norteamericano»

Esta novela recibió en 1973 el Premio 26 de Julio, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y narra una de “las más hermosas, tristes y alucinantes leyendas de la época; la de un hombre de sangre irlandesa, india, alemana e inglesa procesado en Estados Unidos, y cubano por el tiempo”.

Enrique Cirules, (Nuevitas, Camagüey, 1938) periodista, narrador y ensayista, ha merecido importantes lauros como el Premio Casa de las Américas 1993 y el Premio de la Crítica Literaria 1994, por “El imperio de La Habana”, un estudio sobre las actividades de la mafia norteamericana en Cuba.

En su bibliografía se incluyen, además, el cuaderno de cuentos “La otra guerra”, la novela “Santa Clara santa” y el testimonio “La vida secreta de Meyer Lansky”, entre otros títulos.

 

 

Estatuilla confeccionada por una foto original de William Stokes

 

 Reloj perteneciente a la familia de William Stokes creado hace mas de dos siglos

 Busto de William Stokes creado por Yudel Pacheco uno de los promotores culturales de Sierra de Cubitas

Motor de combustion interna usado para abrir caminos en La Gloria City

Maquina de vapor que se uso en la construccion del camino de Viaro hasta La Gloria City trabajo en 1905 y es conocido como el CILINDRO

Motor de combustion interna de 1870

 

 Restos de la Iglesia Episcopal de la Gloria City construida en 1910

 Maquina de coser de la epoca.

Objetos pertenecientes a algunos norteamericanos que habitaron en La Gloria

Objetos pertenecientes a algunos norteamericanos que habitaron en La Gloria 2

Estos revolveres pertenecientes a norteamericanos que vivieron en La Gloria se exponen entre la muestra de objetos de la epoca